Fedra Buseghin, una historia de esfuerzo y superación en los 21K de Buenos Aires
Cada año, durante el mes de agosto, la ciudad de Buenos Aires se convierte en escenario de una de las competencias deportivas más convocantes del país: la Media Maratón de Buenos Aires, una carrera de 21 kilómetros que recorre distintos puntos de la ciudad y reúne a miles de corredores, entre ellos destacados deportistas de elite de nivel internacional.
Entre quienes volvieron a aceptar este desafío estuvo Fedra Buseghin, de la ciudad de Reconquista, quien después de siete años decidió regresar a una competencia que ya había marcado una parte importante de su historia deportiva.
“Yo fui hace siete años atrás y la corrí. Me encantó y este año me entusiasmé de nuevo”, contó Fedra.
Pero esta vez el desafío tenía un significado especial. Durante esos años atravesó dos embarazos y hoy, con sus hijos un poco más grandes, decidió volver a ponerse las zapatillas, retomar los entrenamientos y prepararse para enfrentar nuevamente los 21 kilómetros.
Cuatro meses de preparación
El regreso no fue improvisado. Fedra comenzó un proceso de entrenamiento que se extendió durante cuatro meses.
Fueron semanas de esfuerzo, sacrificio y mucha organización para poder encontrar momentos de entrenamiento entre las responsabilidades de la maternidad y el trabajo.
“Me entrené durante cuatro meses. Un hermoso sacrificio, esfuerzo y con todas las dificultades de la vida cotidiana como mamá y trabajo. Entrené los ratos que podía y los que no, también”, relató.
Cada entrenamiento fue construyendo poco a poco el camino hacia la carrera. Hubo días fáciles y otros en los que seguramente las obligaciones cotidianas hicieron más difícil encontrar el momento para salir a correr.
Pero el objetivo estaba planteado y había que sostenerlo.
21 kilómetros para desafiarse a una misma
La Media Maratón no representa solamente una competencia contra otros corredores. Para Fedra, cada kilómetro significó también una oportunidad para medirse consigo misma.
“Son 21 kilómetros. Hermosa carrera, hermosa... disfrutable cada kilómetro recorrido, con adrenalina”, expresó.
Durante el recorrido, cada corredor enfrenta sus propios límites. Kilómetro a kilómetro aparecen el cansancio, las dudas y el esfuerzo, pero también la satisfacción de saber que se está avanzando hacia la meta.
“Kilómetro a kilómetro te vas midiendo a vos mismo, rompiendo tus propios objetivos, acompañado constantemente por otros que están igual que vos”, explicó Fedra.
La carrera comienza mucho antes de largar
Una de las reflexiones más importantes que dejó su experiencia tiene que ver con que los 21 kilómetros no comienzan el día de la carrera.
Para Fedra, la verdadera competencia comienza mucho antes: en el momento en que una persona decide inscribirse, aceptar el desafío y asumir el compromiso de prepararse.
“La carrera en realidad comenzó cuatro o cinco meses atrás, desde que decidís inscribirte, aceptar y tomar el reto con compromiso y responsabilidad”, reflexionó.
Cada entrenamiento, cada esfuerzo y también cada duda forman parte de ese recorrido.
Por eso, cuando finalmente llega el momento de cruzar la línea de llegada, la emoción tiene un significado mucho mayor.
Cruzar la meta hace que todo valga la pena
Después de cuatro meses de preparación y de atravesar las dificultades propias de combinar entrenamiento, maternidad y trabajo, llegó el momento más esperado: completar los 21 kilómetros.
La llegada se convierte entonces en mucho más que el final de una carrera.
Es el resultado de todo lo que ocurrió durante los meses anteriores.
“Cada entrenamiento y cada duda valió la pena. Cruzar la meta hace que todo valga la pena”, expresó Fedra.
Su historia representa la de muchas personas que encuentran en el deporte una manera de desafiarse, establecer nuevos objetivos y demostrar que siempre es posible volver a intentarlo.
Desde Reconquista, Fedra Buseghin volvió a ponerse frente a un desafío que conocía, pero que esta vez tenía un significado diferente. Después de siete años, dos embarazos y una vida cotidiana llena de responsabilidades, volvió a recorrer los 21 kilómetros de Buenos Aires.
Y, una vez más, cruzó la meta.
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