Discapacidad visceral: una condición que muchas veces no se ve, pero que está presente todos los días
Discapacidad visceral: comprender lo que no siempre podemos ver
Cuando hablamos de discapacidad, muchas veces pensamos en aquellas situaciones que pueden identificarse a simple vista. Sin embargo, no todas las discapacidades son visibles. La discapacidad visceral es un ejemplo de ello.
Se refiere a situaciones en las que una condición afecta el funcionamiento de uno o varios órganos internos del cuerpo. Puede estar relacionada con enfermedades cardíacas, respiratorias, renales, digestivas, oncológicas, metabólicas y otras condiciones crónicas.
Estas situaciones pueden ser temporales o permanentes y, dependiendo de cada persona, pueden generar diferentes niveles de limitación. Fatiga constante, falta de energía, dolor crónico, dificultades para realizar determinadas actividades, tratamientos prolongados o controles médicos frecuentes pueden formar parte de la vida cotidiana.
Una discapacidad que muchas veces permanece invisible
Una de las principales dificultades que enfrentan las personas con discapacidad visceral es precisamente la falta de visibilidad.
Que una persona no utilice una silla de ruedas, un bastón u otro elemento de apoyo no significa que no tenga una discapacidad o que no necesite determinados ajustes y apoyos.
La falta de comprensión puede generar comentarios, prejuicios o situaciones de discriminación. Incluso puede ocurrir que se cuestione a una persona por necesitar descansar, utilizar un espacio accesible, solicitar flexibilidad o ausentarse por razones vinculadas con su tratamiento.
Por eso, escuchar y respetar las necesidades de cada persona resulta fundamental.
Los desafíos de todos los días
Entre las dificultades que pueden presentarse se encuentran:
Fatiga constante y falta de energía.
Dolor crónico o malestares que no siempre son visibles.
Tratamientos, medicación y controles médicos frecuentes.
Necesidad de mayor flexibilidad en determinadas actividades.
Barreras relacionadas con la accesibilidad.
Falta de comprensión y empatía.
Prejuicios derivados de una discapacidad que no se puede observar a simple vista.
Cada persona vive su condición de manera diferente. No existe una única experiencia de discapacidad visceral.
¿Qué necesitamos como sociedad?
La inclusión comienza por comprender que las necesidades pueden ser diferentes.
Algunas personas pueden requerir flexibilidad en los tiempos, accesibilidad, acompañamiento o determinadas adaptaciones en ámbitos educativos, laborales y sociales.
También es importante evitar comentarios que minimicen la situación o pongan en duda aquello que la persona está atravesando.
La empatía no significa invadir ni decidir por otra persona. Significa escuchar, respetar y ofrecer ayuda cuando sea necesaria.
Derechos que deben garantizarse
Las personas con discapacidad visceral tienen derecho a acceder a la salud, la educación, el trabajo, la información, la participación y a vivir con autonomía e independencia, en igualdad de condiciones y sin discriminación.
La accesibilidad y los ajustes necesarios también son fundamentales para que puedan participar plenamente en la sociedad.
En Argentina, el marco de derechos de las personas con discapacidad incluye la Ley 22.431 y la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, entre otras normas y políticas destinadas a garantizar derechos y eliminar barreras.
No es pereza, no es exageración: es una condición real
Uno de los mayores desafíos es comprender que el cansancio, el dolor o las limitaciones pueden existir aunque no sean visibles.
Una persona puede tener capacidades, proyectos, sueños y mucho para aportar, al mismo tiempo que necesita determinados apoyos para desarrollar sus actividades.
La discapacidad no debería definir a una persona ni limitar la mirada que tenemos sobre ella.
Visibilizar lo invisible también es incluir
Hablar sobre discapacidad visceral ayuda a derribar prejuicios y a construir una sociedad más consciente de las diferentes realidades.
Escuchar, acompañar, respetar y comprender también es incluir.
Porque detrás de cada diagnóstico hay una persona, con sueños, emociones, capacidades y derechos.
No se trata de tener los mismos cuerpos, sino de garantizar los mismos derechos.
La empatía no cuesta, pero vale mucho.
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